¡No caigas en estas 5 trampas estratégicas!

“Hoy en día es difícil mantenerse al día con la tecnología” – seguro que lo has oído más de una y veinte veces en los últimos años. La tecnología está en constante evolución y con la multitud de opciones que hay en el mercado del software hay una plétora de estrategias tecnológicas para considerar. Desafortunadamente, muchas organizaciones se enfrentan a este complejo y cambiante panorama.



Por ejemplo, algunas organizaciones asumen que su decisión depende de SAP vs. Oracle vs Microsoft como únicas opciones. En realidad estas empresas caen en el error al no considerar otras alternativas como: Saas vs. On premise, Vertical vs. Horizontal, Completo o parcial…

Un ERP y estrategia tecnológica sólida son la mejor forma de evitar riesgos. A continuación mostramos 5 trampas comunes en las que caemos a la hora de elegir nuestras estrategias.


1. No considerar todas las opciones de la transformación digital.

Como hemos comentado anteriormente, en los últimos años la variedad de ERP en el mercado ha aumentado significativamente haciendo más difícil la toma de decisiones. A parte de los “single ERP”, las empresas ahora tienen a su disposición softwares pensados especialmente para unas industrias específicas. Están desarrolladas para hacer frente a funciones específicas (como por ejemplo Salesforce y otros sistemas autónomos CRM), Ecommerce, soluciones para los teléfonos móviles… Una estrategia IT efectiva considerará todos los pros y los contras de las diferentes opciones.


2. No tener en cuenta áreas más allá de los aspectos tecnológicos.

Fácilmente se nos nubla la mente con las múltiples opciones tecnológicas olvidando los aspectos que refieren a las personas (empleados). Las mejores estrategias son capaces de considerar el rediseño de los procesos empresariales y organizacionales para permitir la transformación digital. Sin embargo, las empresas con más probabilidad de triunfar son aquellas capaces de tener en cuenta las personas que trabajan alrededor de la transformación y considerarlas uno de los ejes centrales.


3. Errónea visión a “long-term”.

Muy a menudo las organizaciones se meten en un callejón sin salida al elegir con prisa tecnologías para dar soluciones a corto plazo sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo. Por ejemplo, al tener restricciones presupuestarias nos podemos ver envueltos en la elección de un CRM sólo considerando los beneficios a corto plazo. Al cabo de un tiempo nos damos cuenta que hemos limitado muchísimo nuestras opciones al elegir un CRM incapaz de integrarse con nuestro ERP principal. En definitiva, es mejor tener una estrategia clara a largo plazo antes de embarcarnos en iniciativas a corto plazo.


4. Visión parcial de las opciones tecnológicas.

Al hablar con los representantes de tecnologías específicas hay que tener en cuenta sus intereses comerciales. Es decir, vender un mayor número de soluciones en vez de dedicarse a encontrar la mejor opción para tu negocio. Estamos hablando de vender un CRM, Ecommerce, warehouse… en vez de considerar qué se adaptaría mejor teniendo en cuenta las necesidades generales. Reconocer este punto es importante ya que ofrecer más herramientas no garantiza obtener soluciones mejor integradas y personalizadas. Asegúrate de obtener una visión objetiva de tus necesidades.


5. Expectativas poco realistas de cómo ejecutar la estrategia.

Una buena estrategia no tiene sentido si no se respalda por unas expectativas realistas. Muchos de los fracasos en implementaciones tecnológicas recaen en tener expectativas erróneas como presupuesto, deadlines, recursos…



Que tu empresa esté al día de las novedades tecnológicas y digitales puede ser muy desafiante. Hay que tener muy claro la estrategia a largo plazo con objetivos concretos. Optar por un asesoramiento sincero y objetivo es muy importante antes de tomar cualquier decisión. A parte de los consultores también puede tenerse en cuenta empresas desarrolladoras de software que no comercializan con productos estándar sino con programas totalmente personalizados donde el eje estratégico es la calidad del servicio y no la cantidad.